Por Antonio Fernández Rivas
Coordinador Cooperativismo y Asociatividad Regional de Innovo USACH
El fortalecimiento y profundización de las relaciones con América Latina, tanto en el ámbito bilateral como regional, ha sido declarado una prioridad del Gobierno y la política exterior de Chile. En efecto, el establecimiento de una relación privilegiada con los países de la región constituye el pilar fundamental para desarrollar la política exterior de Chile. Esta tarea debe centrarse básicamente en los ámbitos político, económico comercial, cultural, educacional, seguridad, defensa y de cooperación.
Se ha dicho que Chile aspira a desempeñar un activo rol en los distintos esquemas de integración regional y subregional, así se explica la categoría jurídica de Chile como miembro asociado al Mercosur y miembro asociado de la Comunidad Andina de Naciones, desde donde fue sacado por la dictadura en 1976.
Hoy se hace necesario potenciar la convergencia entre la Comunidad Andina de Naciones y el MERCOSUR, desde Chile, como una línea de trabajo que permita profundizar el proceso de integración regional, particularmente también con la reciente conformación de la Comunidad Sudamericana de Naciones.
La relación de Chile con cada uno de los Estados Partes del MERCOSUR, y con el bloque como tal, es una real prioridad estratégica que va más allá de la coyuntura con sus Estados Partes. La integración física, minera, interlocución comercial, la coordinación para adoptar estrategias conjuntas, aspectos sociales y culturales, constituyen dimensiones integradoras claves. El MERCOSUR se ha transformado en una plataforma política, donde existe plena identificación en nuestras sociedades con el conjunto de valores de la democracia, derechos humanos y bienestar socioeconómico para nuestros ciudadanos. En este sentido, la Carta Democrática y la Declaración de MERCOSUR como zona de paz, constituyen instrumentos que contribuyen al desarrollo político y económico de la región y de Chile en particular.
Respecto de lo ocurrido el 14 de junio reciente en Tarija, Bolivia, la Presidenta Bachelet relevó que dicha reunión se haya realizado para acoger a Chile como miembro Asociado de la Comunidad Andina de Naciones, CAN, y destacó que ello significa “el reencuentro de mi país con uno de los procesos de integración más importantes de América Latina”.
El lanzamiento de las negociaciones del Acuerdo de Asociación entre la Comunidad Andina y la Unión Europea y la oferta de Chile a Mercosur en orden a colocar a su disposición todos los tratados de libre comercio, dan una señal de la estrategia nacional de ser Plataforma de comercio para las economías de la región con el resto del mundo, en especial con Asia Pacífico.
Sin embargo, estos procesos internaciones, requieren de estrategias que permitan el desarrollo de prácticas integradoras desde cada nación en perspectiva asociativa. Se debe continuar la convergencia entre la CAN y el MERCOSUR, y avanzar en una integración flexible y abierta al mundo.
Pero se deben generar procesos de re diseño de desarrollos sostenibles endógenos, sociales, políticos y económicos de integración que signifiquen enfrentar juntos los desafíos del milenio, que protejan los derechos de las personas, las comunidades y los pequeños productores, las empresas de menor tamaño, cooperativas y entidades de la economía social que están fuera de los mercados internacionales y, muchas veces, de los mercados internos.
El proceso de globalización ha generado nuevos espacios plurales de concertación y formas de organización y movilización, cuya expresión más relevante es el Foro Social Mundial de Porto Alegre (FSM), espacio que ha dado pié para la construcción de alternativas progresistas, ante una globalización cuyo rasgo dominante es la expansión mercantilista de los capitales y de la desregulación sin contrapeso.
El desafío es construir una globalización sostenible a escala humana, de regulación democrática, participativa y social. En ese marco se inscribe el proceso de construcción del Sistema de Integración de Municipios América Área Sur, SIMAAS, del cual INNOVO USACH ejerce la Secretaría Técnica para Chile.
Este proceso nacido en la cumbre de la tierra en Río de Janeiro, en 1992, con entidades y personas participantes de toda América del Sur, toma como eje la construcción a escala local de la Agenda 21, de los desafíos del milenio, que bajo el lema “piense globalmente, actúe localmente”, instala el desarrollo estratégico local sostenible, a partir de miradas ecosistémicas, en la relación cuencas hidrográficas, energías renovables y comunidades; su propuesta de intenciones se manifiesta en “Carta de SIMAAS” que postula entre otros temas la construcción participativa de una agenda regional de procesos de integración territorial, social y productivo, la gestión y el diseño de instrumentos económicos financieros para las economías locales y su articulación con sus macro regiones, la gestión de modelos de integración para la configuración de micro regiones sociales y productivas a través de consorcios, asociaciones intermunicipales, corredores productivos y de comercio, sistemas exportadores municipales, etc.
En pocas palabras el rol de más de 16 mil municipios en América Latina, como base de la institucionalidad de los estados y las naciones, como el lugar propio y de la “llegada cotidiana” de la sociedad local, el municipio que es siempre cercano a la gente, adonde acuden los menos favorecidos, con un nuevo rol, esta vez con una acción local, que siempre será global. Esta es una de las grandes contribuciones que está haciendo SIMAAS a la integración latinoamericana.