Potrero: un sitio intocado de Costa Rica
La mundialmente famosa Costa Rica tiene un espacio idílico que el turismo masivo no ha sabido corromper: Potrero, un lugar ubicado en la costa pacífica que preserva sus calles sin asfaltar, sin hoteles de grandes cadenas o incluso sin muchos restaurantes.
Sus moradores lo guardan con la convicción de que este pequeño pueblo no les sea arrebatado de las manos, y Potrero siga siendo la casa de los santacruceños nativos: amantes de la monta, sombrero en mano, botas enraizadas y sangre guanacasteca.
Playas de arena blanca, agua cristalina y atardeceres románticos... quienes visitan las diferentes playas de la zona –La Penca, Prieta y Potrero- suelen enamorarse del aroma a sal, las olas apaciguadas y el ambiente tranquilo.
El centro de la ciudad sigue siendo de antaño, con su iglesia enchapada en mosaico; la plaza, la escuela y unos cuantos abastecedores son el único atractivo del pueblito al que las discotecas, los desarrollos masivos, la llegada de turistas o el paso del tiempo no han sabido cambiar.
Los pocos hoteles guardan armonía con la vida de los locales; no han irrumpido con camillas de playa, la renta de sombrillas o el alquiler de inverosímiles productos acuáticos; allí todo es sencillo y sin opulencias, como era en la mayor parte del país antes de que el boom hotelero.
Potrero guarda un aire de sencillez que los edificios manufacturados no saben imitar; las pipas no han sido cambiadas por piñas coladas y la gente sigue siendo como era. Los precios no se oyen en dólares ni los montos por un ceviche, un refresco o un almuerzo se han inflado para satisfacer a la venta que solo los europeos o estadounidenses pueden pagar.
Naturaleza al natural… un espacio de los que quedan pocos para quienes aspiran una experiencia “sin ingredientes artificiales”, como las autoridades suelen promocionar a la paradisíaca Costa Rica.
*Fotografías: Daniela Araya.







